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Antioxidante de la miel

Antioxidante de la miel

¿qué son y por qué interesan a la ciencia?

Cuando escuchamos la palabra antioxidante, probablemente pensamos inmediatamente en algo saludable.

En publicidad encontramos constantemente productos que presumen contener antioxidantes: frutas, bebidas, chocolates, suplementos y, por supuesto, miel.

Pero ¿qué significa realmente que un alimento tenga antioxidantes?

¿Contra qué actúan?

¿La miel contiene estas sustancias?

Y quizá la pregunta más importante:

¿Que la miel tenga actividad antioxidante significa que puede prevenir enfermedades?

Para responderlo necesitamos entrar por unos minutos en el fascinante mundo de nuestras células.

No necesitamos ser químicos para entenderlo.

Primero entendamos qué significa oxidación

Pensemos en algo que seguramente hemos observado muchas veces.

Cortamos una manzana y dejamos una mitad sobre la mesa. Después de un tiempo comienza a oscurecerse.

También podemos pensar en una pieza de hierro que permanece durante mucho tiempo expuesta al ambiente y termina oxidándose.

Nuestro organismo, por supuesto, no funciona exactamente como una manzana o una pieza de metal.

Pero dentro de nuestras células ocurren continuamente reacciones de oxidación y reducción.

Son procesos completamente normales.

Cuando respiramos, producimos energía, hacemos ejercicio, metabolizamos alimentos o nuestras células realizan sus actividades habituales, pueden generarse diferentes moléculas reactivas.

Entre ellas encontramos las llamadas especies reactivas de oxígeno.

Y aquí aparecen los famosos radicales libres.

¿Qué es un radical libre?

El término puede sonar preocupante, pero el concepto puede entenderse de manera sencilla.

Los átomos contienen electrones y normalmente buscan mantener configuraciones relativamente estables.

Un radical libre posee uno o más electrones desapareados. Esta característica puede volverlo muy reactivo y favorecer que interactúe con otras moléculas.

Podemos imaginarlo así:

Molécula estable → aparece un electrón desapareado → aumenta su reactividad → puede reaccionar con otras moléculas

Pero aquí aparece algo muy importante.

Los radicales libres no son simplemente enemigos de nuestro organismo.

Nuestro cuerpo produce especies reactivas de manera natural y algunas cumplen funciones importantes, entre ellas participar en determinados mecanismos de señalización celular y defensa.

El problema no consiste simplemente en que existan.

El problema puede aparecer cuando existe un desequilibrio.

Entonces, ¿qué es el estrés oxidativo?

Imaginemos una balanza.

En un lado colocamos las sustancias oxidantes y especies reactivas.

En el otro colocamos los mecanismos antioxidantes que posee nuestro organismo.

Mientras existe cierto equilibrio, nuestras células cuentan con diferentes mecanismos para manejar estas reacciones.

Podemos representarlo así:

OXIDANTES ⚖️ DEFENSAS ANTIOXIDANTES

Pero cuando la producción de sustancias oxidantes supera de manera significativa la capacidad de nuestros sistemas para mantenerlas bajo control, puede aparecer lo que conocemos como:

Estrés oxidativo

Si esta situación es suficientemente intensa o persistente, determinadas especies reactivas pueden participar en modificaciones de componentes celulares como lípidos, proteínas y material genético.

Precisamente por eso el estrés oxidativo es investigado en relación con diferentes procesos biológicos, envejecimiento y numerosas enfermedades.

Pero debemos tener cuidado con una conclusión demasiado rápida.

Que el estrés oxidativo participe en una enfermedad no significa que comer un alimento que contiene antioxidantes automáticamente pueda prevenirla o curarla.

Esta diferencia será fundamental para comprender qué sucede con la miel.

¿Qué es entonces un antioxidante?

De manera sencilla podemos decir que un antioxidante es una sustancia capaz de intervenir en determinados procesos de oxidación.

Algunas sustancias antioxidantes pueden reaccionar con especies reactivas; otras pueden donar electrones o hidrógeno y otras participan mediante mecanismos diferentes.

Nuestro organismo posee sus propios sistemas antioxidantes.

Pero también encontramos sustancias con actividad antioxidante en numerosos alimentos de origen vegetal.

Frutas, verduras, semillas, cacao, café, té y muchos otros alimentos contienen diferentes compuestos capaces de participar en estas reacciones.

Y aquí aparece nuestra protagonista:

la miel.

¿La miel contiene antioxidantes?

Sí.

Aunque la miel está compuesta principalmente por azúcares y agua, también contiene pequeñas cantidades de numerosas sustancias.

Entre las que más interesan a los investigadores encontramos los llamados:

Compuestos fenólicos

Dentro de este amplio grupo podemos encontrar:

Ácidos fenólicos y flavonoides.

Diferentes tipos de miel pueden contener sustancias como ácido cafeico, ácido ferúlico, ácido gálico y ácido p-cumárico, además de flavonoides como quercetina, kaempferol, crisina, apigenina, luteolina y pinocembrina.

Pero esto no significa que todas las mieles tengan exactamente los mismos antioxidantes.

Y aquí encontramos una de las características más fascinantes de este alimento.

Los antioxidantes comienzan en las plantas

Imaginemos una abeja saliendo de su colmena.

Vuela hasta encontrar un grupo de flores.

Se posa sobre una de ellas y comienza a recolectar néctar.

Las plantas producen numerosos compuestos químicos como parte de su metabolismo. Algunos de ellos pueden estar presentes en el material que recolectan las abejas y terminar formando parte de la miel.

Por eso la miel también puede reflejar, en cierta medida, las características de la vegetación que rodeaba la colmena.

¿Qué son los polifenoles?

Los polifenoles constituyen una enorme familia de sustancias producidas principalmente por las plantas.

Participan en diferentes funciones relacionadas con su metabolismo, pigmentación, protección e interacción con el ambiente.

Cuando analizamos diferentes alimentos vegetales podemos encontrar una enorme diversidad de estas sustancias.

La miel también puede contener diferentes compuestos fenólicos procedentes directa o indirectamente de las plantas visitadas por las abejas.

Precisamente por eso los investigadores están interesados en identificar qué compuestos aparecen en diferentes variedades de miel.

¿Y los flavonoides?

Los flavonoides representan un grupo importante dentro de los compuestos fenólicos.

Probablemente hemos escuchado algunos de sus nombres relacionados con otros alimentos:

Quercetina • Kaempferol • Crisina • Apigenina • Luteolina • Pinocembrina • Galangina

Diferentes investigaciones han identificado algunos de estos compuestos en distintas variedades de miel.

Sus estructuras químicas les permiten participar en determinadas reacciones relacionadas con la actividad antioxidante.

Por eso cuando un laboratorio analiza una muestra de miel puede investigar, entre otras cosas, su contenido total de compuestos fenólicos y flavonoides.

¿Cómo sabe un científico si una miel tiene actividad antioxidante?

Aquí comienza una parte particularmente interesante.

Imaginemos que llevamos un frasco de miel al laboratorio.

El investigador toma una pequeña muestra y la somete a determinadas pruebas químicas.

Existen diferentes métodos para evaluar actividad antioxidante, entre ellos técnicas conocidas como DPPH, FRAP y ORAC.

Aunque cada método analiza aspectos diferentes, podemos simplificar la idea de esta manera:

Si las sustancias presentes en la miel consiguen modificar determinadas reacciones, el investigador puede estimar su capacidad antioxidante bajo esas condiciones experimentales.

Y aquí surge otra pregunta interesante.

¿Todas las mieles tienen los mismos antioxidantes?

No.

Podemos imaginar dos colmenas.

Una se encuentra cerca de campos llenos de determinadas flores.

La otra está situada a cientos de kilómetros, rodeada por una vegetación completamente diferente.

Las abejas de ambas colmenas no recolectarán exactamente los mismos materiales.

Por eso la composición de la miel puede estar influida por:

Origen floral + región geográfica + clima + temporada + procesamiento + almacenamiento

Esto significa que no existe una única composición química universal para todas las mieles.

Algunas investigaciones incluso han encontrado que determinadas mieles oscuras pueden presentar mayores concentraciones de ciertos compuestos fenólicos y mayor actividad antioxidante que algunas mieles claras.

Sin embargo, tampoco debemos concluir que:

“Miel oscura = siempre mejor”.

El color por sí solo no permite determinar exactamente su composición ni demostrar un beneficio específico para nuestra salud.

Ahora viene la parte más importante

Supongamos que llevamos una miel al laboratorio.

Realizamos una prueba antioxidante.

Los resultados son excelentes.

Podemos decir:

“Esta miel mostró actividad antioxidante en esta prueba de laboratorio”.

Perfecto.

Eso es exactamente lo que hemos demostrado.

Pero ahora imaginemos que alguien toma ese resultado y publica:

“Esta miel previene las enfermedades cardiovasculares”.

Tenemos un problema.

Y sería todavía más grave afirmar:

“Esta miel cura el cáncer”.

¿Por qué no podemos hacer ese salto?

Porque una reacción química realizada en un laboratorio no reproduce todo lo que ocurre dentro del cuerpo humano.

Del laboratorio al organismo existe un largo camino

Cuando ingerimos miel, sus componentes no viajan directamente desde nuestra boca hasta nuestras células sin sufrir cambios.

Primero llegan al aparato digestivo.

Algunas sustancias pueden degradarse.

Otras pueden transformarse.

Algunas son absorbidas.

Otras solamente se absorben parcialmente.

Algunas pueden interactuar con nuestra microbiota intestinal.

Después, aquellas que consiguen absorberse pueden sufrir nuevas transformaciones metabólicas antes de llegar a determinados tejidos.

Aquí aparece una palabra muy importante:

Biodisponibilidad

No importa solamente saber:

“¿Cuánto antioxidante contiene esta miel?”

También necesitamos preguntar:

“¿Cuánto puede absorber nuestro organismo?”

Y todavía debemos continuar:

“¿En qué forma se absorbe?”

“¿Qué concentración alcanza?”

“¿A qué tejidos llega?”

“¿Produce allí un efecto biológico importante?”

“¿Ese efecto termina generando un beneficio real para la salud?”

Estas preguntas son mucho más difíciles de responder.

Una escalera llamada evidencia científica

Podemos imaginar la investigación como una escalera.

Analizamos beneficios, riesgos, dosis y calidad de los estudios.

Solamente entonces podemos acercarnos a conclusiones clínicas más confiables.

Por eso existen tres frases que parecen similares, pero científicamente son muy diferentes:

“La miel contiene antioxidantes”.

No significa necesariamente:

“La miel previene una enfermedad”.

Y mucho menos:

“La miel cura una enfermedad”.

¿Se ha estudiado la miel en personas?

Sí.

Existen ensayos clínicos y revisiones que han investigado diferentes aplicaciones y efectos relacionados con la miel.

Esto es importante porque significa que la investigación no se ha quedado únicamente en tubos de ensayo.

Sin embargo, los estudios realizados no son todos iguales.

Pueden utilizar diferentes tipos de miel, cantidades distintas, tiempos de consumo diferentes y poblaciones con características también diferentes.

Precisamente esta falta de uniformidad dificulta algunas comparaciones.

Por eso los científicos necesitan continuar realizando investigaciones bien controladas y reproducibles antes de transformar determinados resultados prometedores en recomendaciones generales.

Entonces, ¿por qué interesan tanto los antioxidantes de la miel?

Porque nos encontramos frente a un alimento extraordinariamente complejo.

Una cucharada de miel contiene principalmente azúcares, pero en cantidades mucho menores podemos encontrar numerosas sustancias procedentes de las plantas y del propio proceso realizado por las abejas.

Algunas presentan interesantes actividades químicas y biológicas.

Los científicos quieren descubrir:

¿Qué compuestos contiene cada miel?

¿Qué plantas los originaron?

¿Qué actividad presentan en el laboratorio?

¿Cuánto puede absorber nuestro organismo?

¿Qué ocurre después de absorberlos?

Y finalmente:

¿Producen beneficios clínicos que podamos demostrar en seres humanos?

Estas son preguntas mucho más interesantes que simplemente afirmar que “la miel tiene antioxidantes”.

La miel no necesita ser milagrosa para ser extraordinaria

Quizá esta sea la conclusión más importante.

La miel efectivamente contiene diferentes compuestos fenólicos y flavonoides relacionados con su actividad antioxidante.

Eso es científicamente interesante.

Pero no necesitamos transformar este descubrimiento en afirmaciones exageradas sobre prevención o curación de enfermedades.

Al contrario.

Comprender los límites de lo que sabemos hace todavía más fascinante la investigación.

Las abejas recolectan sustancias procedentes de numerosas plantas y las transforman dentro de un complejo sistema biológico hasta producir un alimento que el ser humano lleva consumiendo durante miles de años.

Ahora la ciencia moderna intenta comprenderlo molécula por molécula.

Por eso, en lugar de preguntar solamente:

“¿La miel tiene antioxidantes?”

podemos formular una pregunta mucho más interesante:

“¿Qué hacen realmente esos antioxidantes dentro de nuestro organismo y hasta dónde podemos demostrar sus beneficios?”

Ahí comienza la verdadera investigación científica sobre la miel.

Información importante: Este artículo tiene fines educativos y de divulgación científica. La miel continúa siendo un alimento rico en azúcares y no debe utilizarse como sustituto de medicamentos o tratamientos indicados por profesionales sanitarios. La demostración de actividad antioxidante in vitro no demuestra por sí sola prevención o tratamiento de enfermedades.

Mucho más que un endulzante natural

Mucho más que un endulzante natural

Cuando pensamos en miel, probablemente lo primero que nos viene a la mente es su agradable sabor dulce, su característico color dorado y quizá una cucharada de miel acompañando nuestro desayuno. Sin embargo, detrás de este alimento existe una historia mucho más interesante.

La miel es el resultado de un sorprendente trabajo realizado por miles de abejas y, además de sus azúcares naturales, contiene pequeñas cantidades de minerales, enzimas, ácidos orgánicos y diversos compuestos procedentes de las plantas.

Por eso, más que verla simplemente como un endulzante, vale la pena conocer qué es realmente la miel, cómo la producen las abejas y por qué continúa despertando el interés de los investigadores.

¿Qué es realmente la miel?

La miel es una sustancia dulce elaborada principalmente por las abejas melíferas (Apis mellifera) a partir del néctar que recolectan de las flores y, en algunos casos, de otras secreciones vegetales.

Algo especialmente interesante es que no todas las mieles son iguales.

Su color, aroma, sabor y composición pueden cambiar dependiendo de las flores que visitaron las abejas, la región donde se encuentran las colmenas, el clima, la temporada de recolección e incluso la manera en que posteriormente se almacena y procesa la miel.

Por esta razón podemos encontrar mieles muy claras y suaves, mientras que otras presentan tonalidades ámbar oscuro y sabores mucho más intensos.

Cada miel es, en cierta manera, un pequeño reflejo del entorno natural donde trabajaron las abejas.

De una flor hasta nuestra mesa

El proceso mediante el cual las abejas producen miel es extraordinario.

Todo comienza cuando una abeja obrera sale de la colmena en busca de flores. Al encontrar una fuente adecuada, recolecta el néctar y lo almacena temporalmente en una estructura especializada de su organismo conocida como buche melario.

Pero la transformación ya ha comenzado.

Mientras la abeja regresa a la colmena, distintas enzimas empiezan a modificar el néctar. Una vez dentro, este material puede pasar entre varias abejas antes de ser depositado en las pequeñas celdas hexagonales del panal.

En ese momento todavía contiene una cantidad considerable de agua.

Las abejas necesitan reducir esa humedad. Para conseguirlo favorecen la circulación del aire dentro de la colmena, ayudando a evaporar progresivamente el exceso de agua.

Poco a poco, aquel néctar recolectado de las flores se convierte en la sustancia espesa, aromática y dulce que conocemos como miel.

Cuando alcanza una maduración adecuada, las abejas sellan la celda utilizando una fina capa de cera denominada opérculo.

Podemos resumir este fascinante proceso de una manera sencilla:

Néctar de las flores → transformación enzimática → evaporación del agua → maduración → miel

Lo que parece simplemente un frasco de miel es, en realidad, el resultado de un complejo proceso natural realizado dentro de la colmena.

¿Qué contiene una cucharada de miel?

La mayor parte de la miel está formada por carbohidratos. Entre ellos destacan dos azúcares simples que seguramente hemos escuchado mencionar alguna vez: fructosa y glucosa.

También contiene agua y pequeñas cantidades de otros azúcares, minerales, ácidos orgánicos, enzimas y compuestos fenólicos.

De manera sencilla podemos encontrar:

  • Fructosa: uno de los principales azúcares responsables de su sabor dulce.
  • Glucosa: además de aportar dulzor, participa en el proceso natural de cristalización.
  • Agua: su cantidad influye directamente en la estabilidad y conservación de la miel.
  • Otros azúcares: pueden encontrarse sacarosa, maltosa y diferentes oligosacáridos.
  • Minerales: principalmente potasio y pequeñas cantidades de otros elementos.
  • Ácidos orgánicos: contribuyen a la acidez, aroma y sabor característico.
  • Enzimas: relacionadas principalmente con el proceso realizado por las abejas.
  • Compuestos fenólicos: sustancias de origen vegetal entre las que encontramos flavonoides y ácidos fenólicos.

Esta combinación permite entender por qué químicamente la miel es bastante más compleja que simplemente agua mezclada con azúcar.

Pero existe algo importante que debemos recordar: aunque sea un producto natural, continúa siendo un alimento con una elevada cantidad de azúcares.

Por ello, natural no significa que pueda consumirse sin moderación.

¿Qué tienen de especial los antioxidantes de la miel?

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención de los investigadores son determinados compuestos presentes en pequeñas cantidades, especialmente los llamados polifenoles.

Dentro de ellos encontramos sustancias como flavonoides y ácidos fenólicos procedentes principalmente de las plantas que visitaron las abejas.

¿Y por qué resultan interesantes?

Porque algunas de estas sustancias presentan actividad antioxidante.

Nuestro organismo produce constantemente moléculas reactivas como consecuencia de sus procesos normales. Cuando existe un desequilibrio importante entre estas sustancias y los mecanismos naturales que ayudan a controlarlas, se produce lo que conocemos como estrés oxidativo.

Los antioxidantes participan en diferentes reacciones relacionadas con estos procesos de oxidación.

Esta es una de las razones por las que científicos de diferentes partes del mundo continúan estudiando los compuestos antioxidantes presentes en la miel.

Sin embargo, aquí debemos evitar una conclusión demasiado rápida.

Que una miel muestre actividad antioxidante en un laboratorio no significa automáticamente que comerla prevenga o cure enfermedades.

Para demostrar un beneficio concreto en la salud humana hacen falta estudios clínicos diseñados específicamente para comprobarlo.

¿La miel también puede tener actividad antimicrobiana?

Este es otro de los aspectos más interesantes.

Determinadas mieles pueden presentar actividad frente a algunos microorganismos bajo condiciones específicas.

Pero esto no ocurre gracias a un único “ingrediente milagroso”.

En realidad intervienen varios factores al mismo tiempo.

La miel tiene una elevada concentración de azúcares y poca agua disponible para que determinados microorganismos puedan desarrollarse. Además, posee cierta acidez y en ella pueden producirse sustancias como el peróxido de hidrógeno mediante determinadas reacciones enzimáticas.

Algunas variedades también contienen componentes vegetales relacionados con esta actividad.

Podríamos explicarlo de esta manera:

Muchos azúcares + poca agua disponible + acidez + determinados compuestos bioactivos = condiciones poco favorables para algunos microorganismos.

Esta particular combinación explica parte del interés que la miel ha generado dentro de investigaciones microbiológicas y médicas.

Pero debemos ser cuidadosos nuevamente.

Decir que determinadas mieles presentan actividad antimicrobiana no significa que consumir miel sea equivalente a utilizar un antibiótico.

Un antibiótico es un medicamento desarrollado, estudiado y utilizado para tratar determinadas infecciones. La miel no debe utilizarse para sustituir un tratamiento indicado por un profesional de la salud.

¿Miel para tratar heridas?

Aquí encontramos una de las áreas más interesantes relacionadas con la investigación moderna de la miel.

Existen productos elaborados con miel de grado médico que han sido estudiados para determinados tipos de heridas y que se utilizan bajo condiciones sanitarias controladas.

Pero existe una diferencia fundamental:

La miel de grado médico no es lo mismo que la miel que tenemos en la cocina.

Los productos destinados al tratamiento de heridas deben cumplir determinadas condiciones de procesamiento, seguridad y control.

Por ello, encontrar investigaciones sobre la utilización médica de determinados productos elaborados con miel no significa que sea recomendable tomar un frasco de miel alimentaria y aplicarlo directamente sobre una herida.

Ante una herida importante, infección o problema de cicatrización, lo adecuado es acudir a un profesional sanitario.

Entonces, ¿la miel es buena para la salud?

La respuesta necesita equilibrio.

La miel puede formar parte de una alimentación variada y equilibrada. Nos aporta principalmente carbohidratos y energía, pero también contiene pequeñas cantidades de otras sustancias interesantes que continúan siendo estudiadas.

Podemos afirmar que la miel es mucho más que simplemente agua y azúcar.

Lo que no sería correcto es convertirla en un medicamento capaz de solucionar cualquier problema de salud.

Precisamente una de las tareas de la investigación científica moderna consiste en separar tres cosas que frecuentemente se confunden:

lo que tradicionalmente se dice sobre la miel, lo que se observa en un laboratorio y lo que realmente se ha demostrado clínicamente en seres humanos.

Esta diferencia es fundamental cuando hablamos de miel y apiterapia.

Un pequeño tesoro producido por miles de abejas

Quizá la próxima vez que observemos una cucharada de miel podamos verla de una manera diferente.

Detrás de ese líquido dorado existe una abeja que visitó flores, recolectó néctar y regresó a su colmena. Después participaron otras abejas en un complejo proceso de transformación, concentración, maduración y almacenamiento.

El resultado final es un alimento compuesto principalmente por fructosa y glucosa, pero acompañado por enzimas, minerales, ácidos orgánicos y diversos componentes procedentes de las plantas.

Podemos contemplar la miel desde tres perspectivas.

Como alimento, representa principalmente una fuente concentrada de carbohidratos y energía.

Como producto de la naturaleza, conserva características relacionadas con las plantas, el clima y el lugar donde trabajan las abejas.

Como objeto de investigación, posee componentes y propiedades que continúan estudiándose para comprender mejor su actividad antioxidante, antimicrobiana y sus posibles aplicaciones.

Y quizá esta sea una de las mejores maneras de apreciar verdaderamente la miel.

No necesitamos convertirla en un producto milagroso para reconocer lo extraordinaria que es.

Su verdadero valor comienza cuando comprendemos el impresionante trabajo de las abejas y aprendemos a diferenciar aquello que tradicionalmente se atribuye a la miel de aquello que la ciencia realmente ha podido demostrar.

Información importante

Este contenido tiene fines educativos y de divulgación y no sustituye la valoración, diagnóstico o tratamiento de profesionales de la salud. La miel y otros productos derivados de las abejas pueden producir reacciones alérgicas en algunas personas.

La miel no debe darse a bebés menores de 12 meses debido al riesgo de botulismo infantil.

Tratamientos tópicos en curación de quemaduras, heridas y úlceras

Tratamientos tópicos en curación de quemaduras, heridas y úlceras

Las lesiones por quemaduras, heridas quirúrgicas y úlceras causan altos niveles de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, siendo particularmente vulnerables a infecciones. Diversos estudios sugieren que la miel puede acelerar la curación de heridas debido a sus propiedades, como su capacidad para reducir la inflamación y prevenir el ataque de agentes infecciosos. Objetivo: Valorar la evidencia científica sobre la efectividad de la miel como un tratamiento alternativo en quemaduras, heridas o úlceras. Material y método: Se realizó una búsqueda bibliográfica en bases de datos especializadas como Pubmed, Cochrane, Scopus y WoS entre otras. Se encontraron un total de 11.303 artículos que fueron cribados mediante criterios de inclusion y exclusion. Fueron incluidos 26 (19 ECAs y 7 revisiones sistemáticas), los cuales fueron evaluados para valorar la calidad y el riesgo de sesgo mediante las escalas PEDro y AMSTAR, y posteriormente por la escala SIGN.

Resultados:

Se observó que la miel cicatriza antes y deja menos cicatriz hipertrófica, reduce el edema, el dolor y las secreciones purulentas, produce una mayor esterilidad en menos tiempo y con menos efectos adversos además de ser más costo-efectiva.

Conclusiones:

La miel se puede utilizar para curar este tipo de lesiones suponiendo una alternativa de tratamiento pudiendo mejorar la asistencia sanitaria.

Fuentes de información (bases de datos).

Los estudios se identificaron mediante búsquedas electrónicas en bases de datos bibliográficas. Se eligieron aquellas en español y/o inglés. Se consultaron las siguientes bases de datos:

 

  • – Scopus
  • – Web of Science (WoS)
  • – Csic: IME
  • – Tripdatabase
  • – Cochrane
  • – Pubmed
  • – Google académico
  • – SciELO
  • – Elservier
  • – PEDro
  • – EUROPE PMC
  • – MEDES

 

El período de búsqueda de la bibliografía se inició en el mes de octubre de 2017 finalizando en el mes de mayo de 2018. La última búsqueda se realizó el 10 de mayo de 2018.

Beneficios de la miel

Beneficios de la miel

Desde la antigüedad, los egipcios la usaron como terapias de salud. En aquel tiempo ya se le daba un uso como antibiótico y esto no solo fue en Egipto si no en muchos países y atreves del tiempo llegando hasta la era actual.

No cabe duda la miel es sabrosa y saludable que además contiene antioxidantes y nutrientes, siendo una opción mucho más sana que el refinada.

Los hallazgos que demuestran las virtudes de la miel.

Alternativa para los diabéticos.  Hay evidencia sobre al uso de la miel para los diabéticos. De hecho, contribuye sobre algunas mejoras como reducir el colesterol malo y triglicéridos, y por supuesto contiene bastante glucosa que puede elevar los nieves de azúcar en la sangre.  Aun con todo lo anterior, la miel sigue siendo “una mejor alternativa” que el azúcar, y su uso, es preferible para los diabéticos.

Antioxidantes. Muy recomendable es la miel obscura ya que concentra una mayor cantidad de antioxidantes como pueden ser enzimas, flavonoides, ácidos orgánicos, fenoles.

Algunos científicos creen que la combinación de estos elementos genera los antioxidantes de la miel, que reducen el riesgo de embolias, infartos.

Nutrientes saludables. La miel no solo es de sabor delicioso pues la labor de las abejas es recolectar y almacenan para ellas lo mejor del polen ya que en el néctar se concentran los aminoácidos el azúcar y minerales de las flores. El néctar es procesado para mejorarlo. De esa manera se almacena la energía y los nutrientes nutrientes de las abejas necesitan.

Una cucharada de miel puede proveer de 65 calorías, 18 gramos de azúcar, fructosa, la glucosa, maltosa y sacarosa, proteína, vitaminas y minerales en cantidades pequeñas, antioxidantes, la miel es un alimento nutritivo.

Reducción de colesterol. El colesterol LDL es de gran riesgo para el sistema cardiovascular done la miel es útil para ayudar a reducirlo. Algunos estudios han demostrado resultados al respecto, demostrando que la miel no solo disminuye el colesterol malo, sino que además aumenta los niveles del colesterol bueno (HDL) y esto evita la aterosclerosis, factor de ataques cardíacos y riesgo en embolias.

Antioxidantes.  Un efecto de los antioxidantes de la miel sobre la sangre es que contribuye a bajar la presión arterial. Existen estudios realizados en ratas y humanos que demostrado que la miel baja la presión arterial, aunque no de manera significativa.

 

Reducción de triglicéridos.  El azúcar de la miel es una feliz excepción a la regla de los triglicéridos contra la azúcar refinada.  Ciertos estudios han mostrado que consumir miel en remplazo de azúcar ayuda a reducir los niveles de triglicéridos. Otros estudios optimistas muestran esta diferencia en hasta un 11-19% menos de riesgo por triglicéridos de los que consumen miel como sustituto.

En quemaduras y lesiones. Desde la antigüedad los egipcios descubrieron el  efecto de la miel en las quemaduras y en las lesiones de manera empírica.

  • Varios estudios sobre el empleo de la miel en casos de quemaduras, demostró que la miel puede ayudar a reparar el tejido en casos como en tratamientos de úlceras de la diabetes en el pie, incluso en casos serios que pueden llevar a amputación, también en quemaduras y ciertas lesiones de la piel, recuperación de lesiones, hemorroides y herpes, y esto se logra gracias a los componentes antibacteriales y antiinflamatorios y propiedades en la piel.

Para la tos. Muchos de los remedios caseros para la tos se basan en el uso de miel t una razón es que la miel es efectiva para curar esta afección y de hecho algunos estudios han mostrado que la miel es muy efectiva para reducir los síntomas de la tos, mejor que cualquier medicamento, sin embargo su consumo en niños menores de 1 año puede causar botulismo.

Más salud cardiovascular. Los compuestos antioxidantes y fenoles de la miel tienen muchos otros efectos sobre la salud del corazón. Ciertos estudios han concluido que contribuye a dilatar las arterias del corazón, aumentando el flujo de la sangre, protege al corazón del estrés oxidativo, previene la formación de coágulos de sangre.

No cabe duda, la miel es una alternativa deliciosa en contraste con el azúcar refinado para endulzar y para mejorar la salud en varios tratamientos.